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Transformación digital

La transformación digital es uno de los grandes procesos de cambio de la medicina actual. La incorporación de nuevas herramientas tecnológicas, el análisis avanzado de datos, la telemedicina, la historia clínica electrónica, los sistemas de ayuda a la decisión y, de manera especial, la inteligencia artificial, están modificando la forma en que se organiza la asistencia, se accede a la información clínica y se acompaña al paciente a lo largo de su proceso de atención.

El conjunto de colegios de médicos que conformamos el Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos de España comparte una posición común: la tecnología puede y debe ayudar al médico, pero no sustituirlo. La innovación digital solo tiene sentido si mejora la calidad asistencial, refuerza la seguridad del paciente, facilita el trabajo de los profesionales médicos y preserva los valores esenciales de la profesión. La decisión clínica, la responsabilidad deontológica, el juicio profesional y la relación humana con el paciente continúan siendo irrenunciables.

La inteligencia artificial abre oportunidades relevantes para ordenar información, detectar patrones, agilizar procesos y apoyar determinadas decisiones clínicas. Su aplicación, sin embargo, exige prudencia, formación y pensamiento crítico. El médico debe conocer sus posibilidades y sus límites, mantener la supervisión profesional y valorar siempre la fiabilidad, la seguridad, la protección de los datos y la utilidad real de cada herramienta antes de incorporarla a la práctica asistencial.

En este contexto, el Consejo General de Médicos ha elaborado el Manual de Buenas Prácticas para la Inteligencia Artificial en Medicina, un documento de referencia para orientar el uso responsable de estas herramientas en la práctica médica. Su objetivo es ayudar a los profesionales a identificar riesgos, exigir garantías y aplicar la inteligencia artificial con criterios éticos, clínicos y de seguridad.

La digitalización debe estar al servicio de una medicina más segura, más eficiente y más humana. Su valor no reside únicamente en la capacidad técnica de las herramientas, sino en cómo se integran en la atención al paciente, en cómo respetan la confidencialidad y en cómo refuerzan, en lugar de debilitar, la esencia de la profesión médica.